Este 2 de noviembre de cada año, se recuerda a nuestros seres queridos que ya partieron de esta vida.
Duele mucho perder a un ser querido sea cual fuere la circunstancia. Quienes quedan, han de lidiar con el luto y sufrimiento. Tal vez depresión también.
Es normal llorar. Es normal sentirse mal. Es normal sentir nostalgia, extrañar, necesitar a quien ya no está.
El mejor homenaje que podemos hacer a nuestro ser querido, es seguir viviendo. Esa frase que me contestó mi madre cuando le pregunté una vez, "¿qué voy a hacer sin ti"?
No te apagues, no te dejes morir en vida. Jamás te rindas. Aprende a ser fuerte y resiliente, aunque cueste. No es fácil. No es algo que se logra de la noche a la mañana. Sigue viviendo, conquista nuevas metas personales, agradece que aún tienes tiempo de regalo para vivir y disfrutar. Brilla más con Vida. Aprovecha el privilegio de seguir viviendo.
Vive con alegría, haz cosas que te hagan feliz. Llora cuando lo necesites. Desahogarse ayuda. Si no tienes a nadie, habla mucho con Dios. Vivir bien no significa olvidar. No dejes que la tristeza y depresión te consuman.
Lucha, lucha, sé un(a) buen(a) guerrero(a) de la Vida, no te dejes abatir, derrumbar para siempre... No dejes que tu corazón se marchite de tristeza.
Se puede continuar. Sí, ¡tú puedes!
Deja a los muertos dormir en su última morada. Hónralos con alegría, fortaleza, resiliencia, amor a la Vida.
Nuestros seres queridos siempre estarán vivos en nuestro corazón. Y cuando sea la hora Divina, iremos a su encuentro al mismo lugar.
